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Juan B Terán · Fábula 03

La luna en el lodo

Original

Era el verano y viajaba por la selva. Durante largos días había llovido fina y copiosamente. Las nubes y la niebla envolvían la tierra, dando la impresión de días genesíacos. Era el primero de sol después de la lluvia; como renacientes, era más profundo que nunca el azul del cielo y más puras y brillantes las estrellas.

Los contemplaba estremecido bajo el encanto, viajando extraviado por la selva, sorprendido por el anochecer, al final del verano.

El lodo del camino, la pesadez del aire saturado de vapores, el misterio de la sombra, el arroyo adventicio a que la lluvia ha dado vida por breves días impedían la marcha, detenían el paso como otras tantas manos opresoras e ingeniosas en inventar obstáculos. Y en medio de la fatiga ominosa, el azul profundo del cielo y el brillo nunca más puro de las estrellas otorgaban, en el momento en que parecía necesario, un alivio incomparable y mágico para los tropiezos en el andar por los caminos de la tierra, como si la hubiera liberado de la gravidez letal de la materia. A no ser la visión liberadora, fuera este camino el siniestro dantesco. El cuadro armonizando ambos aspectos era maravilloso, y en cierto modo representativo de la vida humana.

Filtrábase la luna, a la espalda, a través del follaje de los árboles tupidos y enhiestos, y sobre el lampo que proyectaba al frente, una obscura alimaña huyente, deteníase un instante como embrujada por la luz, que reverberaba en los charcos que llenaban los caminos.

A los pies, surgiendo desde el fondo de la angosta y profunda quebrada, hendía el aire y sostenía, a la manera de un asta, la tela del paisaje una tipa erecta y gárrida, dando expresión material al vuelo del espíritu.

Tal es el hombre; lleva los pies sobre la tierra y descansa sobre ella, pero vuelve la mirada hacia las estrellas, y recibe de ellas un descanso, que la tierra ha negado.

Versificación

Era un verano lluviosoy viajaba por la selvala noche había escampadotras varios días de nieblay en el puro azul del cielobrillaban más las estrellas.Mas arduo era el andarpor esta escabrosa selva:lodo, torcidas raíces,charcos, arroyos y piedras;la atmósfera saturadadebido a la lluvia intensa;la enmarañada espesura;la oscuridad prieta y densa;mas sobre todas las cosas:la imaginación inquieta,loca suelta de la casaque maquinaba siniestra:orcos y monstruos tortuosos,artificiosas cadenasque hacían que cada pasofuera lento, a duras penas.Ya cansado, ya extraviadoestaba con pocas fuerzas,cuando en un claro de lunavi que se elevaba enhiesta,como un asta del paisaje,elegante tipa erectacomo queriendo beberde la luz de las estrellas.Recobró aliento mi espíritual verse espejado en ella,y avanzando decidido,me adentré por las malezas.

Por ser el hombre cuerpo con los pies en el suelo,por ser el hombre espíritu con la vista en el cielo